Santa Cruz quiere influenciar a América Latina y el mundo

Por su posición geográfica y logros económicos, Santa Cruz puede influenciar a otras regiones metropolitanas y otros países. La palabra que más se oye en las Jornadas Santa Cruz 2061, que empezaron en octubre, es ‘internacionalización’.

MARTHA PAZ
DECANA DE LA UEB

Santa Cruz cree posible influenciar, desde su terruño, a millones de personas de otras regiones metropolitanas y otros países. En las Jornadas Santa Cruz 2061, que se llevan a cabo cada sábado desde el 1 de octubre, es recurrente la palabra internacionalización. Santa Cruz quiere comerse al mundo. Hace 30 años, cuando se realizaron las Jornadas Santa Cruz 2000, la única palabra parecida que manejaban los soñadores y planificadores, era exportación. Había que promoverla para favorecer al crecimiento de Santa Cruz.

En el documento de conclusiones de ese evento se pedía una política clara de comercio exterior que permita desarrollar infraestructura necesaria que facilite la exportación, y se pedía la implementación del Instituto de Comercio Exterior de Santa Cruz con la finalidad de que realice estudios sobre precios, costos y productividad en la región, Bolivia y países vecinos, y establezca un modelo adecuado para el comercio exterior de la región. La internacionalización a la que ahora apunta Santa Cruz va más allá de las exportaciones.

2000 y 2061
En 1986 se realizaron las Jornadas Santa Cruz 2000, para pensar Santa Cruz para el nuevo siglo. Fueron organizadas por el Comité Pro Santa Cruz y la Corporación de Desarrollo, lideradas en la época por Carlos Dabdoub y Carmelo Caballero respectivamente. En ese entonces, era otro el contexto. La ciudad capital tenía aproximadamente 500 mil habitantes (hoy tiene más de un millón y medio) y su mancha urbana apenas sobrepasaba el cuarto anillo de circunvalación (hoy se habla ya de un área metropolitana que incluye los municipios vecinos de Warnes, Cotoca, La Guardia y Porongo).

Había entonces la intuición, como dice el urbanista Fernando Prado, de que el modelo de desarrollo construido en los años 70 estaba llegando a su agotamiento, con regalías insuficientes, pocos mercados internacionales, balanza comercial negativa, servicios básicos deficitarios, infraestructuras limitadas, urbanización acelerada, migración descontrolada, narcotráfico, modelo agropecuario primario con escaso valor agregado, y medioambiente en riesgo. Además, habíamos retornado a la democracia, se habían creado los nuevos gobiernos municipales elegidos democráticamente, surgía un movimiento descentralizador de tipo identitario y los pueblos indígenas reclamaban sus derechos.

Carlos Dabdoub recuerda que fue en esas jornadas que se propuso la autonomía energética para Santa Cruz y su agropecuaria, solo posible con la implementación del proyecto Rositas. También se habló de la urgencia de fortalecer ciudades intermedias y frenar el crecimiento descontrolado de la urbe cruceña. Se seguía pidiendo carreteras y un puerto de salida al Atlántico. Se exigía autonomía. Y se propuso una revolución administrativa que transparente las instituciones. Entre otras cosas, como el cuidado del medioambiente y la puesta en marcha del proyecto Mutún.

No todo se ha logrado
Hoy el proyecto Rositas apenas empieza a implementarse. El potenciamiento de ciudades intermedias ha funcionado en algunos casos (Montero, Camiri y San Ignacio) pero no en otros (Puerto Suárez y Quijarro). La expansión de la mancha urbana continúa creciendo a pasos agigantados, movida por los intereses del capital inmobiliario, y “haciendo de Santa Cruz de la Sierra una ciudad mucho menos integrada y más inequitativa en cuanto al acceso a los bienes urbanos”, asegura Prado. Estamos mejor conectados a través de carreteras, pero todavía nos cuesta llegar al Atlántico porque no se ejecutó Puerto Busch con su ferrocarril. La autonomía se ha conseguido a medias. La transformación institucional no se ha dado. La agroindustria se desarrolla a la par que destruye los recursos naturales. Mutún, pendiente.

Pero lo cierto es que los indicadores de Santa Cruz han mejorado notablemente. Además del crecimiento demográfico que ya se mencionó, esta ciudad es una de las 14 ciudades que más crece en el mundo. Si en el año 50 generaba el 1% del Producto Interno Bruto nacional (130 millones de dólares), hoy genera el 27% (10.000 milones). Si ese mismo año proveía el 1% de los recursos fiscales, ahora paga el 44% de los impuestos domésticos totales del país y llega a aportar con el 50% considerando los relacionados a hidrocarburos. Si en 1950 era un departamento que poseía el 10% de la superficie cultivable boliviana, ahora colabora con más del 60% y, por tanto, es la región que garantiza el 70% de la seguridad alimentaria.

Tal vez por ello son sus sueños de mirar a América Latina y el mundo, e internacionalizarse, globalizarse. Las Jornadas Santa Cruz 2061, organizadas por el Grupo de Investigadores Jatupeando, el Museo de Historia de la Uagrm y el Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz, son el espacio en el que muchos están hablando reiterativamente del asunto, mientras sueñan la Santa Cruz que quieren para el V centenario de la fundación de la ciudad.

De corazón continental a centro articulador
Santa Cruz está ubicada justo en el centro de América del Sur, con el potencial de constituirse en el ‘heartland’ del continente, o sea, un área pivote o región cardial latinoamericana. Carlos Dabdoub, Fernando Prado, Carlos Hugo Molina y José Luis Parada lanzaron el desafío en la mesa inaugural de las Jornadas Santa Cruz 2061 y, los siguientes sábados, en muchas oportunidades se continuó debatiendo idea.
Carlos Dabdoub plantea que, hasta 2061, Santa Cruz debe convertirse en un centro articulador y confluyente de corredores bioceánicos, carreteras, trenes, puertos y aeropuertos. “Con Puerto Busch habilitado, el hub Viru Viru y la ferrovía Santa Cruz-Cochabamba en su tramo Aiquile-Montero, podemos convertirnos en el departamento articulador de la carga y distribución del comercio exterior de América Latina”, dice Parada, que no renuncia al aparentemente imposible tramo ferroviario que Santa Cruz solicita desde principios del siglo XX.

Al ser una tierra generadora de excedentes alimentarios, Santa Cruz debería también constituirse en un centro industrial y de abastecimiento alimentario competitivo a nivel latinoamericano, por su disponibilidad de frontera agrícola, propone Dabdoub, quien es apuntalado por Parada, cuando dice que, a 2061, según proyecciones, la región todavía contará con 4 millones de hectáreas disponibles para cultivos, una cantidad similar al conjunto de las áreas cultivables de toda Bolivia.

El economista, sin embargo, hace varias puntualizaciones para poder lograr esa aspiración. En estos 50 años se deben elevar los niveles de producción y productividad de los diferentes sectores estratégicos de la economía departamental. Se debe producir más alimentos naturales para mercados especializados. Con el embalse Rositas se debe proteger las áreas cultivadas en la cuenca del río Grande y habilitar nuevas tierras fértiles. Se debe proteger y administrar desde competencias departamentales las áreas protegidas porque son un reservorio de agua potable. El sistema de investigación, innovación tecnológica y extensión tendrá que estar certificado y funcionar en base a normas internacionales. El Centro de Investigación Agrícola Tropical (CIAT) tendrá que estar consolidado como organismo prioritario de investigación y transferencia de tecnología. La provisión de combustibles y lubricantes de producción nacional debe estar garantizada y la matriz energética local, modificada. Y la ampliación y mantenimiento de la red vial departamental debe ser constante para que llegue a más del 25% del territorio departamental al que llega actualmente.

Exportar, especialmente productos no tradicionales, será fundamental para Santa Cruz en 2061, dice Parada, porque, a diferencia de los hidrocarburos que cada vez se exportarán en menor cantidad, permitirán a la región seguir teniendo excedentes para reinvertir. Por ello, habrá que poner metas para la reducción de la importación de alimentos y lograr un equilibrio o, mejor, un superávit en la balanza comercial.

Diversificar la producción de Santa Cruz será, pues, importante. El desarrollo del polo del sudeste del departamento tiene finalmente que concretarse hasta 2061 con la explotación de Mutún y piedras preciosas.
La accesibilidad directa a financiamiento externo es un condicionate para todo lo anterior, en el entendido de que los recursos por el Impuesto a los Hidrocarburos (IDH) estarán bastante disminuidos a 2061.

Nuestra economía deberá continuar globalizada, con muchos capitales transnacionales en la región. Sostiene Carlos Hugo Molina: “La comprensión de la distancia como oportunidad, que siempre fue una característica de la visión cruceña, será crucial en esa época”

Fuente: El Deber

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *